9 may. 2015

Hoy hace exactamente un año desde que me tocó vivir uno de los peores momentos de mi vida. Si hago una regresión en el tiempo me doy cuenta de cuan mal estaba todo mi alrededor e inclusive yo misma. Las cosas iban empeorando y yo sabía que te estaba perdiendo. 


Esos viajes desde Tandil hasta casa de improvisto, donde lo único que llevaba era una simple mochila y un pilón de nervios y sustos encima, esas horas al lado tuyo tapándote para que dejaras de temblar y haciéndote caricias para aprovecharte porque sabía que eso ya dentro de poco tiempo no lo podría volver a hacer. Las últimas horas que lamentablemente nunca voy a poder borrar de mi, ESA decisión que tuve que tomar y que todavía me genera culpa pero a la vez es contraproducente porque se que fue lo mejor, pero aún así no deja de dolerme.

Tu ausencia es algo que todavía se nota en casa, las pocas veces que vuelvo, inevitablemente no dejo de mirar hacia tu casita cada vez que miro por la ventana cuando estoy en la cocina. Que loco me resulta "irte a visitar" y que vos seas una pequeña parcelita de tierra con una plantita arriba. 


Se que estés donde estés, no tenes más sufrimientos, pero el vacío de no tenerte conmigo sigue, mi vida dio muchos giros y no estás para contarte todas mis cosas, sí es re ilógico hablarle a un perro pero siempre fuiste mi mejor amigo y vos sos el único ser que sabe todo de mí.
Más allá del hueco, me dejaste llena de recuerdos que hacen que nunca mueras en mi.


Gracias por llenar mi vida de alegrías y ser ese compañero indispensable de siempre. Gracias por crecer a mi lado y ser lo mejor que me pasó en la vida. 





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