11 ago. 2014

Relatos cortos de medianoche

Sin ningún tipo de conexión, empezaron a concurrir un mismo lugar. Dos desconocidos, que se encontraron en una parte del mundo; tan diferentes que los hacía coincidir en algunos aspectos.

Era una aficionada, con gustos particulares, con un novio totalmente raro, y una onda para nada motivadora de ser imitada. Pero entre ellos había algo que quien sabe lo que era, lo que los había unido y por lo que aparentaban, estaban bien juntos, por lo cual me alegro.

Yo, una persona totalmente autoritaria, que sabe lo que si y lo que no en su vida y su cabeza, que se divierte con un humor raro y que ama pensar. Yo, yo como individuo que me encontraba en ese mismo lugar de blancas paredes y escaso aire puro, con ese ruido molesto del aire en el techo, un día mi atención fue tomada por esa persona de baja estatura, y su onda particular, pero no por algo amoroso, físico ni nada similar, sino que por su rareza. Y al ir interactuando en diferentes maneras, su cabeza y su increíble arte milenaria con los dragones captó parte de mi interés, y yo que soy de observar mucho, y el arte es una de mis pasiones, capto su onda y se que existe, cosa que a nadie cambia, ni a mi inclusive.

Mi compañera de miradas en la hora de las letras y las hojas, de la historia y la filosofía, de las fugaces mentes invocadas que colapsan entre si con sus increíbles galaxias internas. Mi compañera que se sienta enfrentada en esa hora donde inventamos nuevos mundos.